Los insecticidas matan a las abejas, insiste la ciencia
Los insecticidas son enemigos de las abejas y, por lo tanto, también del medio ambiente y de todos nosotros. Sin embargo, siguen utilizándose de forma masiva. Si ya vimos estudios que probaban la relación que había entre su uso y la mortalidad de abejas, nuevos estudios vienen a confirmar estas conclusiones.

Son estudios realizados en Europa y Canadá, concluyendo ambos que los efectos adversos de los insecticidas neonicotinoides. Sus resultados se han publicado en la revista Science, mientras la unión Europea decide si sigue manteniendo la prohibición de dichas sustancias.

Menos supervivencia y menos reinas

Estos estudios vienen a reafirmar lo que anteriores trabajos apuntaban: son unos pesticidas que convierten las flores y las plantas en general en venenosas para los insectos. Su efecto no es otro que amenazar la supervivencia de esta fauna esencial para el medio ambiente y la producción de alimentos.

Sobre todo, se observaron peores resultados, es decir, más bajas, en países donde se practica la agricultura basada en el modelo del monocultivo, como Reino Unido y Hungría. Por contra, en Alemania, donde existe más variedad de cultivos, tanto las colonias salvajes como las colmenas domesticadas tuvieron tasas de supervivencia mayores.

Se encontró que las abejas tenían menos probabilidades de sobrevivir al invierno y, por otra parte, que nacían menos reinas en las colonias silvestres. Igualmente, se señalan otros factores relacionados con el impacto de los neonicotinoides, como la combinación con fungicidas o la existencia de residuos de estos pesticidas en el agua o en el suelo, cuya permanencia puede prolongarse durante más de un año.

Los insecticidas matan a las abejas, insiste la ciencia
Son conclusiones que no recomiendan la exposición a estos tipos de pesticidas, ya que provocan importantes daños en las colonias, comprometiendo su supervivencia. Sin embargo, la valoración del estudio europeo por parte de Bayer y Sygenta, cofinanciadores del mismo, no ha sido positiva.

Habida cuenta de que ambas empresas venden neonicotinoides, no es extraño que así sea, si bien puede resultar raro que lo hayan financiado. No lo es si tenemos en cuenta que se trata de un diseño y desarrollo independientes. Al respecto, consideran las conclusiones pobres y simplistas, hasta el punto de afirmar que no se puede considerar “concluyente”.

 

La importancia de las abejas

Es difícil exagerar la importancia de los insectos polinizadores a nivel ambiental y de salud pública. No en vano, su desaparición afectaría de forma drástica en aspectos clave como son la biodiversidad o los recursos alimentarios.

En efecto, el declive de las abejas está directamente relacionado con el sistema mundial de alimentos y, por lo tanto, también con la seguridad alimentaria. Apuntemos algunos datos que nos ayudarán a entender las dimensiones del problema: según la FAO, el 75 por ciento de los cultivos del mundo dependen de la polinización, ya sea de forma completa o parcial.

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Igualmente, de acuerdo con un artículo publicado en la revista The Lancet sobre un estudio de la Universidad de Harvard, sin abejas, la producción de alimentos en los países en desarrollo podría caer de forma crítica.

Sin polinizadores esenciales, la seguridad alimentaria estaría comprometida, provocando una desnutrición que a su vez haría multiplicar las enfermedades infecciosas y la mortalidad a nivel global. Además, a nivel ambiental el desequilibrio ocasionado sería dramático, puesto que los ecosistemas se verían trastocados de modo caótico, ya que dependen de ellos casi nueve de cada diez especies de plantas silvestres.

De acuerdo con un estudio de la revista médica The Lancet, su desaparición podría provocar alrededor de 1,4 millones de muertes cada año en el mundo, ocasionando un aumento del 3 por ciento. Se trata, en suma, de un problema tremendamente serio, en el que hemos de incluir no solo a las abejas, sino a abejorros, colibrís y otros polinizadores destacados.

Los insecticidas matan a las abejas, insiste la ciencia
Por otro lado, a nivel económico también supondría una debacle. Si desapareciesen de forma súbita, la agricultura perdería alrededor del 8 por ciento del valor de mercado anual de sus cosechas, con una pérdida estimada de unos 577.000 millones de dólares, concluye el informe sobre polinizadores y alimentos de Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), en el que han participado especialistas de 124 países.

¿Cómo actuar para evitarlo? Atacando las causas que provocan su declive, lógicamente. Una solución obvia sobre el papel, pero muy complicada cuando se intenta profundizar en ella, ya que se intervienen distintos factores de forma sinérgica, como el cambio climático, las prácticas agrícolas intensivas basadas en el monocultivo y en el uso de pesticidas químicos.

Cambiar el modelo agrícola es una de las opciones más señaladas por los expertos. De acuerdo con Serena Milano, directora de la fundación Slow Food para la Biodiversidad, “para lograr rescatar a las abejas y, por lo tanto, para salvarnos, es fundamental cambiar radicalmente el sistema agrícola”.

Los insecticidas matan a las abejas, insiste la ciencia
Su propuesta exigiría “abandonar los monocultivos”, practicar las técnicas del barbecho, “no utilizar pesticidas ni fertilizantes químicos sintéticos”. A su juicio, las técnicas agrícolas ecológicas son capaces de abastecer a un mundo cada vez más poblado. Aun así, reconoce que se trata de “un camino difícil”, si bien merece la pena el esfuerzo si se consigue “alimentar al mundo sin poner en riesgo el planeta”, concluye.

Por otro lado, habida cuenta de que la muerte de las abejas dispararía la mortalidad humana, y de que no evitar su extinción pone en jaque la seguridad alimentaria y el entorno, se hace necesario atacar el problema de forma efectiva. Buscando esa eficacia en la práctica, siempre sería más fácil prohibir determinados pesticidas que transformar todo el sistema agrícola. Al menos, a corto y medio plazo.

En efecto, prohibir los pesticidas sería una de las medidas más efectivas, ya que son muchos los estudios que concluyen su peligrosidad. Entre ellos, los dos trabajos apuntados al inicio del post, cuyas conclusiones demuestran que el uso intensivo de los mismos pone en peligro a las abejas.

Su uso intensivo, por si lo desconoces, obedece a su funcionamiento, puesto que actúan sobre el sistema nervioso de los insectos y, por lo tanto, tienen menor toxicidad en los vertebrados. Sin embargo, indirectamente podrían llegar a ser letales también para ellos, entre los que nos encontramos.